Ruma el Ferreiro

Su nombre es Ruma, y es el Ferreiro de la comarca. Todos los caballos,mulos o burros del entorno pasan por sus agrietadas y negruzcas manos. Tambien casi todas las celosias,enrejados,llaves y una infinidad de pesados objetos llevan su firma.
En lo más recondito del occidente Asturiano, lindando casi con la tierra de Ancares vive Ruma.
Ronda la sesentena pero sus movimientos son rápidos y precisos. Su altura y fuerte complexión infunde respeto, pero a la vez una extraña sensación de seguridad.
No sabe de donde procede su nombre, pero perjura que así se han llamado los primeros hijos de su familia por generaciones. Vieja estirpe asturiana.
Siempre ha vivido en la aldea de montaña. Allí donde acaba la pequeña carretera que asciende desde la cuenca alta del Navia. Detrás del Pico Bobias, allí abajo San Antolín de Ibias.

La nieve hace semanas que ya ha asomado a las brañas. Solo algún abedul mantiene aún la hoja amarilla.
Brezos, arandaneras y espinos visten todavia alguna pequeña hoja rojiza. Todo lo demás es verde, de un exultante verde brillante.
Sin embargo dentro de la Fragua, el ambiente es cálido e hipnótico. Los sentidos se liberan y se relajan a la vez. La ténue oscuridad, el soplido del fuelle acompasado, los tonos rojizos del hierro en las brasas, sus chispas brotando por doquier, el olor de los toyos de haya quemando aparte...el lento martillo domando las herraduras en el yunque..
Asisto a algo ancestral y reverenciado durante siglos. Asisto con respeto y veneración.
Ruma solo habla si está cómodo, me han dicho que es el más sabio desde Los Oscos a Cienfuegos.
Tengo suerte, desde un principio le ha hecho gracia que alguien aparezca en la aldea peleandose con la maraña de piornos que cierran La Bobia por lo alto del pueblo.
Me dice que hay que estar un poco idiota para andar por los altos del cordal con un tiempo tan malo.
Llevo horas con el, y desisto de mis planes iniciales. Allí estoy como en otro mundo.
Llevo tomados varios vasos de licor de miel...y todo me parece irreal.
Me cuenta su vida, me cuenta los misterios de su mundo, del verde bosque que le rodea.
Aprendo de él muchos consejos. Descubro a alguien inteligentísimo. Muchas veces me pierdo en sus razonamientos, rayan la filosofia. Me saca tres cuartas por encima de mi entendimiento. Y descubro a una de esas personas con las que te encuentras pocas veces. Hace un año en Agés...hoy aquí..algo debe estar pasando.
Hablamos de lo divino y lo humano...y al fin aparece...El Camino...
Pero eso es otra historia.

2 comentarios:

Edu dijo...

Muy bonita la entrada Serbal y me has recordado a mí viejos tiempos de juventud. Además de pasar un día por una zona muy tanquila, como la de los Oscos en el occidente Asturiano, entre bosques silenciosos, encima vas a parar a la casa del herrero del pueblo y a la lumbre de la fragua, no se que tiene el fuego, que hace amigos y encima quedas embobado mirando para el mientras te cuentan historias y te transportan a otro mundo distinto al real. Eso me ocurría a mí en Huelde con la cocina francesa que teníamos en casa, y como no teníamos televisión, pues a contar historias de antes a la orilla de la lumbre. Un saludo Carlos y hasta pronto.

lora dijo...

Desde hace varios años que yo soy tú. Bravo por su trabajo meticuloso. Me encanta tu universo. Nada como volver aquí para entrar de lleno en el mundo ... y evaluar la evolución de su trabajo.
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